La iglesia parroquial de Olaz, bajo la advocación de San
Pedro, enraiza sus orígenes en el s. XII como tantos otros
ejemplos de arquitectura religiosa dentro del Valle de Egüés.
Exteriormente se nos presenta como un bloque compacto donde lo
único que nos hace sospechar que su paso por diversas reformas
es el cambio de materiales. A la antigua fábrica corresponden
tanto la puerta, como la torre y parte de los muros. Sin embargo,
la reforma barroca transformó bastante el aspecto del edificio
añadiéndole dos capillas laterales y sobre todo
la cubierta con bóveda de medio cañón que
se extiende a lo largo de los cuatro tramos de la nave y la cabecera
recta. En esta última se conserva una saetera ciega vestigio
del primitivo edificio al contrario que las dos ventanas que se
abren al lado de la epístola cuyo origen es barroco.
A la sacristía se accede a través de la capilla
situada en el lado de la epístola. En ella se conservan
además de un par de crucificados del s.XVII de escaso valor
varias piezas de orfebrería. Entre ellas destaca un cáliz
de plata dorada de mediados del s.XVII que merced al añadido
posterior de varios rayos planos acabó convertido en un
ostensorio.
El retablo mayor está dedicado al patrón de la
parroquia, San Pedro, que aparece en posición sedente.
Esta figura, al igual que el Calvario que ocupa el ático,
se hicieron expresamente para el retablo. Además, este
conserva parte de la policromía original por lo que podemos
hacernos una idea bastante fidedigna de la imagen que tuvo esta
obra cuando fue construida allá por el último tercio
del s.XVII. Como último detalle significativo cabe destacar
el follaje que recubre casi por entero la mazonería que
forma el retablo.
En el lado opuesto de la nave, por encima del coro, se alza
la torre. Su primer cuerpo efectivamente corresponde al s.XII
cuando fue construida la iglesia. Sin embargo, sabemos que en
1566 un tal Miguel de Amézqueta contrató la obra
del remate o segundo cuerpo de la torre donde hoy día están
alojadas las campanas.
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