HISTORIA
DEL VALLE
Las primeras noticias escritas,
en la Edad Media
Las referencias documentales más antiguas sobre el valle
de Egüés datan del siglo XI, durante la Alta Edad Media, período
que en líneas generales comprende los siglos V al XIII, caracterizado
por la formación y plenitud del feudalismo. De ellas podemos deducir
una cuestión de no poca importancia: este espacio geográfico se
encontró en los fundamentos económicos, sociales y administrativos
de la primitiva monarquía de Pamplona.
Hacia 1032, Sancho III
"el Mayor" restituyó a la catedral de Pamplona todos sus
bienes, que desde el siglo X habían ido pasando a manos seglares,
especialmente la ciudad de Pamplona, señalando los límites del
obispado y los bienes que le pertenecían. Así, en el valle de
Egüés, "en Mendillorri, una serna bajo la villa, y viñas...
en Badostain, una tierra... en el suburbio de Huarte, en la villa
que dicen Alzuza, viñas, y en el mismo Huarte, en el molino del
rey que llaman Athea, dos veces para moler". El texto, escrito
originalmente en latín y conservado en el archivo de la catedral
de Pamplona, no sólo tiene interés por su antigüedad, situándonos
en la primera mitad del siglo XI y en el momento de máximo esplendor
de la monarquía pamplonesa, con Sancho III, sino porque nos ofrece
una imagen nítida de la organización y del desarrollo económico
y social del valle de Egüés en tan temprana fecha. Merece la pena,
por tanto, detenerse en él con el fin de desentrañar las realidades
que encierra.
Cabe
destacar, en primera instancia, que si ya a inicios del siglo
XI observamos una desarrollada explotación económica de este entorno,
habida cuenta su ubicación, muy próxima a la ciudad de Pamplona,
y sus favorables condiciones geográficas para el desarrollo agrario,
no resultaría en absoluto descabellado llevar mucho más atrás,
cuando menos a los inicios de la monarquía pamplonesa y su primera
expansión territorial, en los siglos VIII y IX, la ocupación humana
y explotación económica de este territorio. La propia toponimia
existente en el valle avala esta hipótesis. Los
nombres de lugar compuestos por un antropónimo o nombre de persona
y una terminación en -ana, -ano, -in y -ain, suelen
revelar las propiedades de aquella persona, zonas en las que se
llevó a cabo una colonización agraria más intensa. En el caso
del valle de Egüés hay un topónimo, Badostain, que nos indicaría
la existencia de una antigua propiedad, aunque en este caso el
antropónimo no esté identificado.
Este documento del que
nos ocupamos es, en realidad, una donación constituida por bienes
inmuebles que pasan de las manos del rey a las de la iglesia de
Santa María, sede episcopal ocupada durante estos años por los
abades de Leire, que ejercían como obispos de la diócesis. Sin
duda, el valle conformó un importante núcleo patrimonial de la
primera monarquía navarra, siendo utilizado por los monarcas para
fortalecer la posición económica de una sede episcopal que ellos
pretendían centralizar en Pamplona.
El significado de algunos
de los términos que vemos en el documento resulta asimismo muy
esclarecedor. Comenzaremos por la palabra "villa". De esta
forma se designa tanto a Mendillorri como a Alzuza, entendiéndose
por tal una explotación agrícola que incluye un pequeño centro
de habitación, en el que vivirían los responsables de efectuar
las labores, algunas edificaciones para el grano y los aperos
de labranza, y una extensión indeterminada de tierras cultivables.
"Tierra" es, por excelencia, el espacio dedicado al cereal,
que aparece en el valle asociado al otro pilar de la economía
campesina, el viñedo. El término "serna" tiene dos acepciones
principales: puede ser un espacio de cultivo extensivo, con largos
barbechos, normalmente dedicado al cereal, perteneciente a una
determinada familia, comunidad o aldea y complementario a la explotación
agraria; pero también cabe entenderlo como una prestación obligatoria
en trabajo para el campesino en la tierra de un señor. En el contexto
en que aquí aparece mencionada se refiere, con mayor probabilidad,
al campo de cultivo, pues las demás palabras también se vinculan
a formas de explotación agrícola y no a relaciones sociales. De
la dedicación cerealera del valle nos da también clara muestra
la existencia de un molino al que se designa con su nombre propio
(Atea), perteneciente al rey aunque desconozcamos si fue él quien
lo construyó o lo adquirió con posterioridad, pero lo cierto es
que cede parte de sus derechos a Santa María de Pamplona, en la
forma de dos "veces" o tandas de uso, convirtiéndose en
una propiedad compartida. Con el tiempo estos molinos hidráulicos
se convirtieron en un elemento clave de dominación social, prohibiendo
a los campesinos edificar molinos y obligándoles a llevar sus
granos a los del señor. Por último, debemos destacar que se menciona
el "suburbio" de Huarte, en el que está situada la "villa"
de Alzuza. En el período en que nos encontramos, siglo XI, esta
palabra, al igual que la usada entonces como sinónimo, "alfoz",
designa las circunscripciones territoriales básicas que articulan
un condado o reino, aquí el reino de Pamplona, encabezadas a menudo
por un centro de población, Huarte en el caso que nos ocupa. No
parece que el resto del valle de Egüés formase parte de este suburbio,
pues de lo contrario todos los bienes que se detallan en el documento
harían relación a él. En el estado actual de nuestros conocimientos
desconocemos de manera detallada la organización administrativa
territorial del conjunto del reino pamplonés durante este período.
Algunos
años más tarde, en 1063, Sancho IV "el de Peñalén" otorgó
a Santa María de Pamplona el monasterio de Santa Gema con todas
sus pertenencias. Entre los testigos de este acto figuraban el
"senior" Lupo Fortuñones, que dominaba en Huarte. En otra
donación, ésta de 1071, el "tenente" de Huarte era Garcea
Acenariz; entre 1086 y 1093, Fortunio Sanz; entre 1096 y 1117,
Semeno Fortuñones. En
el ámbito de los vínculos feudales, la "tenencia" era el
régimen de posesión por un "senior" de una determinada
tierra por delegación real o de otra autoridad superior, lo que
implicaba su control militar, administración civil y disfrute
compartido de sus rentas con aquella autoridad. Si acabamos de
decir que Huarte constituía una primitiva circunscripción territorial,
tenemos aquí a las personas que detentaban su gobierno por delegación
real.
Ya hemos apuntado la
importante presencia en el valle del dominio del rey, compartida
con la catedral de Pamplona. Los últimos años del siglo XI y primeros
del XII contemplarán la aparición de nuevos poderes feudales,
con un protagonista, el monasterio de San Salvador de Leire. Esta
expansión de Leire continúa la difusión en España de la reformadora
orden monástica de Cluny, a la que se relaciona con el arte Románico,
impulsada en España desde el monasterio de San Juan de la Peña
(Jaca) por Sancho III el Mayor. Según el historiador Luis
Javier FORTUN, el período 1083-1134 corresponde a la gran expansión
del monasterio de Leire, desde la cuenca de Lumbier-Aoiz hacia
la de Pamplona a través de los valles de Egüés y Elorz. La cuantía
y naturaleza de los bienes donados en esta área a Leire durante
aquel período, por los reyes o por pequeños nobles locales, crecieron
considerablemente, implantación que se explica en buena medida
gracias al patrimonio del monasterio de Larrasoaña, incorporado
a Leire en 1087. En el valle de Egüés los monjes desarrollaron
una tupida red de bienes repartidos por nueve lugares: Azpa, Badostain,
Echálaz, Egüés, Elcano, Gorraiz, Huarte, Ibiricu y Sagaseta. Salvo
en Echálaz, donde sólo se obtuvo una viña (1086), en las restantes
localidades los bienes de Larrasoaña sirvieron de plataforma para
obtener nuevas donaciones en la forma que ahora explicamos. El
abad Aznar de Larrasoaña había cedido sus propiedades en Murugarren
al obispo Fortún de Alava (1067-1087), a cambio de las que éste
poseía en Badostain. En 1098 un sacerdote de Badostain, García
Enecones, tomó el hábito del monasterio de San Salvador. Pertenecía
a una familia aristocrática propietaria de un palacio y otras
heredades. Para no privar a sus hermanos del patrimonio familiar
se limitó a dotar al monasterio con fincas dispersas: una viña
situada en el paraje de Zalduondoa, de 15 arinzadas (13.476 m²);
seis tierras de sembradura, en conjunto de 20'5 arrobadas
(18.418 m²), localizadas en los parajes de Ardui, Zabala, Escóriz,
Erpidea e Iturribidea; y una cuba nueva, con capacidad para 50
cocas (9.416 litros). Sus sobrinos, Gómiz y García Blasco, le
imitaron. Gómiz, que era sacerdote como su tío, donó dos piezas
y una viña en el lugar; García prometió en 1110, para después
de su muerte, una viña en el lugar de Cirueta. También en 1110
otro "infanzón" (miembro de la pequeña nobleza) local,
Aznar Arceiz de Mutiloa, entregó su palacio y la consiguiente
heredad que incluía la cercana iglesia de Morea, además de una
viña nueva plantada en el paraje de Sarasa. La iglesia de Morea
puede identificarse con la ermita de Santa María, situada a medio
kilómetro al nordeste de Badostain, aunque la actual construcción
es del siglo XIII.
El efecto multiplicador
de las posesiones de Larrasoaña se notó asimismo en San Martín
de Azpa y en Huarte. En 1090, doña Toda de Huarte hizo efectiva
la entrega a Leire del monasterio de San Esteban de Huarte, que
era una "iglesia propia", es decir, creada por un particular
que nombra al abad o clérigo que la dirige y se beneficia de sus
rentas. Este monasterio era servido por tres clérigos y había
conseguido reunir numerosas tierras. Disponía además de turnos
en los molinos reales de Atea, antes citado, Balbea y Ezpeleta,
y tenía el derecho de recoger diariamente en los montes de Begeriz
y Beola dos bestias cargadas de leña. Extendía su patrimonio por
los lugares vecinos y le pertenecía por entero la "villa"
de San Martín de Azpa.
Lope Osandóiz había dado
en 1087 al monasterio de Larrasoaña una heredad en Elcano, más
tierras y viñas en Ibiricu y otra viña en Echálaz. En 1099 una
tal doña Crisinda entregó su cuerpo y alma a Leire, prometiendo
para después de su muerte el palacio y heredad que poseía en Elcano;
mientras tanto pagaría un "diezmo" (décima parte) anual
de los frutos obtenidos en tal heredad. Su legado comprendía también
dos "mezquinos" en Sagaseta, que entregarían anualmente
el mismo censo. También eran importantes las propiedades del monasterio
en Egüés: a través de San Esteban de Huarte se consiguió una viña
en 1090, más dos viñas, dos huertos y una landa o pastizal, ésta
en el paraje de Eguilucea, anejo a una heredad obtenida en Gorraiz
en 1102. Debemos destacar la palabra "mezquinos", pues
hace alusión al grupo social de má baja condición jurídica: siervos
rurales adscritos a la tierra, que se compran, venden o donan
junto con ella y la trabajan para su señor, al que entregan un
censo, normalmente en especie, y prestan otros servicios.
El resultado de la política
de adquisición de bienes por parte de Leire en el valle de Egüés
es importante y cualitativamente complejo: una "villa",
un monasterio, una iglesia, 10 heredades, 9 tierras, 11 viñas,
3 huertos, una cuba o bodega, dos partes de molino, una landa
y el aprovechamiento de dos montes. No se entregan exclusivamente
grandes propiedades, sino que abundan los bienes dispersos y de
reducidas dimensiones.
En 1093, Sancho Ramírez
concedió al monasterio de Montearagón, entre otros muchos bienes,
las décimas de las tierras, viñas, huertos y molinos reales de
Huarte.
Llegados a este punto,
podemos obtener ciertas conclusiones. Ocupado en fechas tempranas,
posiblemente en los años próximos a la fundación de Pamplona,
el valle de Egüés formó parte de la organización administrativa
territorial del reino primitivo medieval, con una importante ocupación
del espacio, un decidido desarrollo humano y agrario. Existió
una multiplicidad de señores, entre los que se incluyen la monarquía,
alta y baja nobleza laica y eclesiástica, así como gentes dependientes.
A lo largo del siglo XI pasó en buena medida a manos de la sede
episcopal de Pamplona, asistiendo desde fines de esta centuria
a la llegada de los monjes de Leire, quienes se harán con buena
parte de los recursos del valle.
A lo largo del siglo
XII continuó la penetración de poderes señoriales en el valle,
a través de la adquisición de bienes por distintas vías. En 1105,
Sancha Semenoiz, a punto de partir en peregrinación a Tierra Santa,
donó entre otros bienes a Santa María de Pamplona, una viña que
plantó en la "villa" de Alzuza, para que la mitad de las
rentas fuesen por su alma y la otra mitad por la de su hermana
doña Andregoto Semenoiz.
Entre 1135 y 1136, Sancho,
obispo de Pamplona, fundó y dotó el hospital y cofradía de Roncesvalles.
Con este mismo objeto, los canónigos de la catedral dieron a Roncesvalles
todas las iglesias que estaban en Huarte, así como la "cuarta"
(cuarta parte de las rentas) y el "pedaticum" (o peaje
que gravaba el paso de personas y mercancías) de las iglesias
de Echálaz y Alzuza.
En 1137, el Papa Inocencio
II tomó bajo su protección a la iglesia de Pamplona y confirmó
sus privilegios y posesiones, entre las que se menciona la "villa"
de Huarte, de la capellanía de los reyes de Navarra. También Inocencio
II, aquel mismo año, tomó bajo su protección al hospital de Roncesvalles,
dotado en parte por los canónigos de la catedral de Pamplona.
Incluía todas las iglesias de la "villa" de Huarte, exceptuados
el diezmo y los derechos del obispo, la cuarta, el peaje y las
viñas que tenían los canónigos de la catedral en Echálaz, así
como el peaje, los "mezquinos", tierras y viñas catedralicios
en Alzuza.
El 26 de febrero de 1144
otro Papa, Celestino II, tomó bajo su protección a la catedral
de Pamplona, confirmando sus bienes y privilegios. Se mencionan
en el documento las "villas" de Huarte e Ibiricu (esta
última asociada a Abárzuza e Iranzu). La actividad de los obispos
pamploneses en relación con el valle de Egüés fue constante. En
1155, el obispo Lope intercambió con un tal Fortunio la casa de
Sagüés con su heredad a cambio de una casa y su heredad de Mendillorri.
El 3 de marzo de 1164, Bernardo, abad de San Severo, vendió a
la catedral de Pamplona el monasterio de Asiturri, "en territorio
de Pamplona", con todas sus pertenencias, incluidas las que estaban
en Alzuza. Entre 1170 y 1180 tenemos noticias de la continua ocupación
humana del espacio del valle y la ampliación de los espacios cultivados.
Así, Pedro, obispo de Pamplona, dio a Semero Zuría de Alzuza y
a su mujer una pieza para que la plantasen con viñas, la poblasen
y pudiesen cercarla, con la condición de que a su muerte retornase
a su propietario, el hospital de Pamplona. El "fiador"
o garante de Semeno era un tal Juan Lopeyz de Alzuza. Aparecían
como testigos en aquel acto don Sanz, abad de Huarte, don García,
también abad de Huarte, Berasco Aceariz de Umea, Sanso Ortiz,
Lope Saldayzo, Jaun Umea y otros vecinos de Alzuza En 1184, Pedro,
obispo de Pamplona, dio a los mismos Semeno y su esposa una casa,
un hórreo y otras heredades en Huarte, a condición de pagar cada
año por San Miguel 7 sueldos y la mitad de los diezmos al hospitalero
de San Miguel. Se especificaba que la tierra debía ser mejorada
mediante el cultivo, nunca dividida ni enajenada por vía alguna.
Además el hospitalero tenía facultad en aquella casa y branero
para poner cubas y hacer vino.
Esta multiplicidad de
poderes señoriales en el valle no podía menos que ocasionar ciertos
conflictos por la propiedad. En abril de 1197 hubo de dictarse
una sentencia arbitral entre el obispo de Pamplona y el monasterio
de Leire, sobre numerosas iglesias y derechos. Entre otras, sobre
las iglesias de San Esteban de Huarte (la percepción de las décimas
parroquiales quedaba en suspenso), San Martín de Azpa, que quedaba
en manos de Leire, y de Ardanaz, que tras la muerte de su abad
pasará a Leire.
También en el siglo XII
tenemos referencias de otros ricos propietarios en el valle. Por
ejemplo, cierto Semeno de Egüés donó a Santa María de Pamplona
una viña en Mendívil, una cuba y un cubo, 20 cahíces de trigo,
20 cocas de vino, 3 bueyes y 3 caballos; cedió a San Esteban de
Huarte una viña en este lugar. La hacienda que tenía en Iroz se
dividió entre Santa María de Larrasoaña y San Salvador de Asiturri;
a la cofradía de Burlada dejó dos cahíces de trigo y dos cocas
de vino. El resto de sus bienes lo distribuyó entre sus hermanos.
Los intercambios de bienes
entre los señores dominantes en el valle fueron frecuentes. Entre
1200 y 1205 García, obispo de Pamplona, donó a Roncesvalles, entre
otros bienes, una viña y un hombre de Huarte llamado Domingo Ezquerra
con todas sus pertenencias. El 23 de mayo de 1202, Martín Pérez,
arcediano de Santa Gema, donó al abad de San Adrián de Iranzu
la "villa" de Ibiricu con todo lo que en ella poseía la
iglesia de Pamplona, sus montes, aguas y derechos de paso, a cambio
de todo lo que el monasterio tenía en otra "villa" llamada
Urbiola. En 1209 el obispo donará también Urbiola al monasterio.
El 29 de abril de 1203,
Inocencio III renovó la protección apostólica que había concedido
su antecesor Inocencio II en mayo de 1137 al hospital de Roncesvalles.
El documento nos sirve para conocer la relación de bienes de Roncesvalles
en el valle de Egüés: todas las iglesias de Huarte, la cuarta,
el peaje, los mezquinos, tierras y viñedos de Alzuza. También
la iglesia de San esteban y San Pedro de Alzuza, con todas sus
pertenencias. En 1223, don Ramiro, obispo de Pamplona, puso a
merced de Sancho VII "el Fuerte" la "villa" de Huarte
con su castillo, por las muchas mercedes que el monarca
hizo a la iglesia de Pamplona.
Otra protección papal,
ésta de abril de 1237 ofrecida por Gregorio IX a Iranzu, nos detalla
las posesiones de aquel monasterio: la "villa" e
iglesia de Ibiricu, una granja en Olaz, así como ciertos molinos
y posesiones en Gorraiz.
El 18 de julio de 1237,
el cabildo de la catedral de Pamplona y los rectores de trece
iglesias nombraron árbitros para decidir en un pleito sobre la
cuarta parte de los diezmos de dichas iglesias. Entre ellos estaban:
Juan, abad de Huarte; Aznar, abad de Egüés; García, abad de Gorraiz;
Pedro, abad de Olaz; Lupo, abad de Elía; Aznar, abad de Elcano;
García, abad de Ibiricu. El 10 de marzo de 1238 dichos diezmos
fueron adjudicados al cabildo; entre los testigos hay un tal Jimeno
de Ibiricu, merino o administrador de los bienes de la catedral.
De la misma época tenemos
otras noticias que nos ilustran acerca de la vida de algunas personas
nacidas en el valle. Por ejemplo, en septiembre de 1239, Juan
de Gorraiz, herrero, y su mujer María vendieron a Domingo de Marteloiz
de Sansoain una casa en Pamplona, situada detrás de los baños.
Por tanto, un artesano del que, si bien desconocemos su domicilio
y lugar habitual de trabajo, sí sabemos que había conseguido reunir
el capital suficiente para invertir en bienes inmuebles en la
ciudad, lo que le sitúa, al menos económicamente, al mismo nivel
que los hidalgos y los labradores ricos.
Del
siglo XIV nos llega un documento de singular trascendencia para
conocer la estructura de la población en el reino de Navarra,
en general, y en el valle de Egüés, en particular. Es el "Libros
de fuegos" del año 1366, que fue publicado por el profesor
Juan CARRASCO. Este libro es un recuento de población creado con
fines fiscales, cuyo objetivo era recaudar en todo el reino una
ayuda extraordinaria para Carlos II por valor de cuarenta mil
florines. Obligaba a todos los súbditos, cualquiera que fuese
su condición, y tenía como base la unidad fiscal denominada "fuego"
u hogar. El problema reside en calcular de manera exacta el número
de personas por fuego, pues existen grandes oscilaciones en los
diferentes períodos históricos y las distintas áreas geográficas,
oscilando entre unos valores de 3'5 y 7'5 personas. En el libro
de 1366, la tasa media asignada a pagar a cada fuego era de 2'5
florines, quedando dividida la población en cuatro niveles según
la estimación de su riqueza: había quienes pagaban cuatro y otros
tres, dos o un solo florín. Del capítulo dedicado a la merindad
de Sangüesa, a la que perteneció el valle de Egüés desde la estructuración
del reino en merindades, extraemos los siguientes datos:
| |
Nº de
fuegos |
Fuegos
de hidalgos |
Fuegos
de labradores |
Fuegos
de judíos |
| Ardanaz |
7
|
6 |
1 |
0 |
| Olaz |
5 |
2 |
3 |
0 |
| Mendillorri |
3 |
3 |
0 |
0 |
| Gorraiz |
7 |
7 |
0 |
0 |
| Sarriguren |
4 |
1 |
3 |
0 |
| Badostain |
29 |
8 |
21 |
0 |
| Ibiricu |
5 |
0 |
5 |
0 |
| Azpa |
3 |
0 |
3 |
0 |
| Eransus |
2 |
0 |
2 |
0 |
| Elcano |
9 |
8 |
1 |
0 |
| Sagaseta |
2 |
1 |
0 |
0 |
| Echalaz |
3 |
3 |
0 |
0 |
| Egulbati |
4 |
1 |
3 |
0 |
| Elía |
2 |
0 |
2 |
0 |
| Huarte |
28 |
23 |
5 |
0 |
| Alzuza |
4 |
0 |
4 |
0 |
| Burlada |
5 |
0 |
5 |
0 |
| Egüés |
17 |
4 |
13 |
0 |
| Ustarroz |
0 |
0 |
0 |
0 |
| Totales |
139 |
67 |
72 |
0 |
A
la vista de estos datos es fácil observar la distribución espacial
de la población dentro del valle, pero también pueden comentarse
algunas otras cosas de interés. Por ejemplo, el inusual equilibrio,
dentro del conjunto del reino, entre el número de fuegos de labradores
"pecheros" e hidalgos, es decir, entre personas sujetas
al pago de la "pecha" (imposición que gravaba la tierra y debía
ser entregada anualmente al señor en especie, en dinero o de forma
mixta) y
personas pertenecientes a la nobleza, propietarias plenas exentas
de contribuir en los impuestos que no fueran de carácter extraorinario.
También es reseñable la inexistencia de comunidades judías, con
seguridad debido a la ausencia de importantes núcleos urbanos
en el valle y a la cercanía de la capital, Pamplona, que tenía
una importante judería.
En
el siglo XV fueron redactados otros documentos también relevantes
para conocer la vida del valle. Sin duda, uno de los de mayor
trascendencia es el que hace referencia a Egulbati. Este lugar
perteneció al monasterio de Roncesvalles, como lo prueban algunas
noticias sueltas existentes entre los papeles antiguos de este
centro religioso y, de hecho, en su archivo está el documento
al que nos referimos. Se trata de unas ordenanzas municipales del año 1411 elaboradas
por los vecinos reunidos en concejo, que manifiestan una
clara preocupación por el aprovechamiento de los términos comunales,
regulando las obligaciones y derechos vecinales y limitando
el acceso de las personas foráneas a ellos. He aquí el documento
en cuestión:
"Sepan cuantos esta presente carta verán y oirán que estas
son las composiciones y ordenanzas hechas y tratadas entre los
vecinos de Egulbati, juntados en concejo según han usado y acostumbrado
hasta ahora, las cuales avenencias y ordenanzas son estas que
se siguen.
Primero, que todos los dichos vecinos que son o por tiempo
serán hayan de venir en cada año en el día de San Miguel a confirmar
los paramientos (convenios) y a talar según han usado y
acostumbrado hasta el día de hoy en que esta carta es hecha. Y
si en el dicho día alguno de los dichos vezinos falleciese, que
los vecinos paguen un robo de trigo para el concejo, sin excepción.
Item si alguno talase más de lo usado y acostumbrado, que pague
de pena por cada árbol grande o menudo un cahiz de trigo para
el dicho concejo y que sea perjuro y que pague cinco cahices de
trigo.
Item si alguno (roto, en el original) vecino a vecino
en el término o fuera del término, que pague de pena un robo de
trigo.
Item si alguno hiciere apellido (llamada a los vecinos
en caso de peligro) y alguno por malicia quedase atrás, que
pague un robo de trigo de pena.
Item quien sacare cuchillo contra otro o le hiciese sangre,
que pague un cahiz de trigo de pena, quedando al señor rey sus
derechos en salvo, los que le perteneciesen.
Item si alguno trajese
ganado granado o menudo extraño y el que le diere posada, salvo
una noche, que pague por cada noche que diere posada un cahiz
de trigo de pena.
Item cualquier vecino desde que haya conocido
la parte que le corresponde talar y no lo hiciese desde aquí a
Pascua de mayo, que la pierda; y pasada esa fecha, si la quisiera
talar que pague un robo de trigo de pena.
Item que ningún vecino no sea osado de talar leña granada ni
menuda salvo espino, boj, illagas y artos (endrinos) que
traen simiente, y si talare que pague por cada árbol grande o
chico un cahiz de trigo de pena.
Item que ninguno no sea osado de entrar fiador a judío y si
se encontrare que alguno entró en el dicho lugar de Egulbati,
que pague de pena cinco cahizes de trigo.
Y todo hombre y toda mujer que sea
vecino o vecina de Egulbati y fuere o fueren contra estas ordenanzas
sobredichas en todo o en parte, que den y paguen por cada vez
que fuesen contra ellas veinte cahices de trigo de pena, la mitad
de la cual dicha pena si acaeciera sea para la señoría mayor de
Navarra (el rey), para que haga valer, tener y cumplir
todo lo contenido en esta dicha presente carta, y la otra mitad
para los vecinos que esta carta guardasen y observasen y contra
ella no viniesen. Y a tener y cumplir y tener por firme y valedero
todas y cada una de las cosas sobredichas y a no contravenir en
ningún tiempo del mundo, nosotros los dichos vecinos obligamos
nuestros bienes muebles y heredamientos habidos y por haber donde
quiera que nosotros los tengamos, en todos los logares del mundo.
Y renunciamos generalmente y especialmente a nuestro fuero propio
y a toda otra excepción de fraude y de mal engaño. Testigos son
de ésto que presentes fueron en el lugar y que por tales testigos
se otorgaron nombradamente, Lope Sanz de Bearin y Martín Martínez
de Irurzun, vecinos o moradores en el lugar de Arleta. Esto fue
hecho en la manera sobredicha y lugar de Egulbati, día XXVI de
junio, año del nacimiento del Señor MCCCCXI. Y yo, Juan López
de Erro, notario público y jurado por autoridad real en todo el
reino de Navarra, que a las cosas sobredichas junto con los dichos
testigos fui presente en el lugar, a ruego y requerimiento de
las dichas partes y con otorgamiento de los dichos testigos escribí
esta carta de paramiento y ordenanzas con mi propia mano e hice
en ella este mi signo acostumbrado en testimonio de verdad".
Como ha indicado el historiador
Peio J. MONTEANO, la localidad de Egulbati desaparece de las registros
de "cuarteles" (impuestos aprobados por las Cortes y recaudados
por la monarquía, que constituyeron su fuente fundamental de ingresos)
del período 1462-1494, lo que indica un despoblamiento temporal
probocado por las hambres y epidemias del siglo XV.
En los últimos tiempos
de la Edad Media otros señores obtuvieron rentas en localidades
del valle de Egüés. Por ejemplo, en 1420 Carlos III "el Noble"
dio el señorío perpetuo hereditario de Olaz, Elcano y Egüés a
Juan Coxe de Suescun, en pago de 4000 florines que éste le había
prestado; posteriormente perteneció el mismo señorío a Carlos
de Artieda y después de él, en 1494, a Alonso, su hijo. Asimismo
en 1467 la princesa doña Leonor donó a perpetuo las pechas de
la "villa" de Ardanaz a Oger de Gurpide.
En 1423, Carlos III liberó
a Huarte a perpetuidad de todos los cuarteles y ayudas extraodinarias,
en pago por haber cedido la villa al rey un molino llamado Valuerrota,
que antes había pertenecido al obispo de Pamplona.
Una descripción
del valle del siglo XIX
Durante la primera mitad del siglo XIX salieron a la
luz varios diccionarios geográficos, estadísticos e históricos,
unos de alcance nacional, como el de Miñano o el de Madoz, y otros
de carácter regional, como los de la Academia de la Historia,
Yangüas y Miranda, Ochoa o el "Itinerario" de Ramírez de Arcas.
En todos ellos encontramos noticias de gran interés referentes
a Navarra, en general, y al Valle de Egüés, en particular. Por
su extensión y rigor informativo, el de Pascual Madoz, titulado
"Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus
posesiones de ultramar", ha sido uno de los más utilizados por
los historiadores que investigaban la realidad social y económica
de este período. Su duodécimo volumen, publicado en 1849, está
dedicado a Navarra. Veamos cómo describía en conjunto al valle
a mediados del siglo XIX el diccionario de Madoz:
Este valle se compone
de 18 lugares, conforme a la división de la provincia en jurisdicciones
practicada en 1789. Se reúnen en un ayuntamiento cuyas juntas
se celebran alternativamente en Olaz o Egüés. Los 18 lugares son:
Alzuza, Ardanaz, Azpa, Badostain, Burlada, Echálaz, Egüés, Egulbati,
Elcano, Elía, Eransus, Gorraiz, Ibiricu, Mendillorri, Olaz, Sagaseta,
Sarriguren y Ustarroz. Pertenece a la audiencia territorial y
capitanía general de Navarra, a la merindad de Sangüesa, ciudad
de la que dista unas 7 leguas, y al partido judicial de Aoiz,
a unas 3 leguas. Adscrito a la diócesis de Pamplona y arciprestazgo
de la Cuenca. Para gobierno del valle hay un diputado general
y además un regidor en cada pueblo. Confina al norte con el valle
de Esteribar, al este con el de Lizoain, al sur con los de Unciti
y Elorz y al oeste con las villas de Villalba y Huarte. Posee
un terreno montuoso con clima templado en general. El terreno
es bastante productivo y lo bañan por derecha e izquierda dos
arroyos, uno que rinde sus aguas al río Arga y otro al Aragón.
Tiene dos puentes. Los caminos son locales, además de los de Pamplona
y Aoiz, en buen estado. Recibe el correo de Pamplona, siendo distribuido
por el valle mediante un valijero. Según datos oficiales, tiene
296 vecinos y 1513 almas. El presupuesto municipal es de 30.000
reales, que se cubren por reparte vecinal. Cuenta con fuentes
de aguas exquisitas que aprovechan sus habitantes para el consumo,
el ganado y otros usos agrícolas. La caza es abundante en la mayor
parte del valle: perdices, codornices, liebres, conejos e incluso
corzos (en Gorraiz), no faltando animales dañinos de varias clases,
como los zorros.
El estado de las fábricas
de harinas y de los molinos, número de fanegas y robos que muelen
anualmente, ríos y arroyos que dan movimiento en el valle según
el diccionario: en Elcano, Huarte y Ustarroz, 5 molinos de una
sola piedra, movidos por los ríos Elía, Arga y Minchate, muelen
9.595 fanegas y 12.000 robos.
Dejando de lado los casos
de Burlada, Huarte y Mendillorri, que se separaron del valle en
diferentes momentos de la Historia reciente, vayamos a descubrir
algunos rasgos de los pueblos del valle de Egüés en aquellas mismas
fechas:
Alzuza. Situada en un cerro donde le baten todos los vientos, goza
de un clima saludable. Tiene 4 casas y una iglesia parroquial
dedicada a San Esteban Protomártir, con una ermita. Ambas son
servidas por un vicario cuya plaza provee el obispo diocesano
por oposición en concurso general. Contribuye con otros pueblos
del valle a sostener una escuela que se halla establecida en el
lugar de Elcano, a la que asisten 32 niños de ambos sexos, bajo
la dirección de un maestro dotado de 1642 reales anuales. El terreno
comprende 5492 robadas de tierra, de las que sólo se cultivan
575, siendo de éstas 150 de primera calidad, 200 de segunda y
225 de tercera. Hay además 100 robadas de viñedo, 80 de prados,
16 de bosque poblado de fresnos, 4246 de maleza, 20 de tierras
concejiles y 142 de baldío. Produce trigo, cebada, legumbres y
vino, aunque en corta cantidad. Su población es de 13 vecinos
y 52 almas.
Ardanaz. Misma localización y clima que la anterior. Tiene 19 casas
y una iglesia parroquial dedicada a San Vicente Mártir, servida
por un cura párroco. El terreno comprende unas 4000 robadas, de
las cuales únicamente se cultivan 1700, porque las restantes son
del todo infructíferas. Entre las de labor se cuentan 120 peonadas
de viña y en la parte inculta 500 robadas de bosques de árboles,
igual número de bosques de maleza y 1300 de tierra baldía con
muchos y excelentes pastos para los ganados. Produce trigo, cebada,
avena, vino y legumbres. Sostiene ganado mular, vacuno, lanar
y cabrío. Su población es de 20 vecinos y 124 almas.
Azpa. Tiene 11 casas de mediana fábrica y una iglesia parroquial
dedicada a San Martín, servida por un cura llamado "abad",
cuya plaza se provee en concurso general. El terreno es quebrado
y medianamente fértil; hay en él algunos montes poblados de distintos
árboles que facilitan madera para construcción y combustible,
con muchas y sabrosas yerbas de pastos. Produce trigo, cebada,
avena, legumbres y poco vino, sostiene ganado vacuno, mular, lanar
y cabrío. Su población es de 11 vecinos y 77 almas.
Badostain. Ubicado en llano, tiene de 35 a 40 casas, la consistorial,
posada, taberna, escuela de primeras letras frecuentada por 55
niños de ambos sexos, dotada con 2782 reales anuales. La parroquia,
dedicada a San Miguel, tiene un cura llamado "abad" y un
beneficiado, así como una ermita. El terreno participa de monte
y llano, y abraza 2700 robadas de primera, segunda y tercera clase,
entre las cuales se cuentan 500 peonadas de viña cuyo rendimiento
anual es el de 3 por 1 de sembradura. La parte inculta, que ascenderá
a 2500 robadas, se halla destinada a pastos y ofrece bastante
arbolado para construcción y combustible. Produce trigo, cebada,
mucho maíz, garbanzos, habas, hortalizas, vino y frutos. Hay ganado
vacuno, mular, de lana y cabrío. Su población es de 40 vecinos
y 235 almas.
Echálaz. Localizado en llano, con clima frío. Tiene 6 casas, una iglesia
parroquial dedicada a San Martín, servida por un abad, y una ermita.
El terreno es de mediana calidad. Lo cruza un arroyo, tiene monte
encinal y soto arbolado. Produce trigo, cebada y otros frutos
menores y cría ganado. Cuenta 7 vecinos y 27 almas.
Egüés. Situado en llanura, con clima frío. Tiene 25 casas e iglesia
parroquial (San Martín), servida por un vicario. Los niños acuden
a la iglesia de Elcano, con el que limita al norte. El terreno
es de mediana calidad. Produce trigo, cebada, vino y varios frutos
menores; también mantiene algún ganado. Tiene 26 vecinos y 119
almas.
Egulbati. Ubicado en el extremo norte del valle y al pie de un cerro,
con clima frío. Posee 3 casas e iglesia parroquial (La Concepción),
servida por un vicario. Los niños concurren a la escuela de Elcano.
El terreno, aunque de mediana calidad, es bastante productivo,
manteniendo ganado lanar, vacuno y de cerda. Tiene 2 vecinos y
14 almas.
Elcano. Ubicado en terreno llano, con clima templado. Tiene 26 casas,
escuela de primeras letras en Ibiricu, a la que concurren los
niños de Echálaz, Elía, Eransus, Egüés, Egulbati, Azpa y Sagaseta,
dotada con 70 robos de trigo. La iglesia parroquial, bajo la advocación
de la Purificación de Nuestra Señora, está servida por un vicario
y un beneficiado. Hay dos ermitas. El terreno es de regular calidad
pero feraz. Lo baña un arroyo. Tiene sierra sin arbolado y un
pequeño soto, además de varios álamos. Se produce trigo, cebada
y vino. Cría ganado lanar y vacuno. Cuenta con 29 vecinos y 147
almas.
Elía. Situado en llano formado por un barranco y casi en el centro
del valle. Tiene 11 casas e iglesia parroquial (La Asunción) servida
por un abad. El terreno participa de monte y llano y es de mediana
calidad. Lo baña un arroyo y hay monte robledal y pastos. Produce
trigo, cebada, vino y otros frutos menores; mantiene ganado lanar,
vacuno, cabrío y de cerda. Hay 11 vecinos y 65 almas.
Eransus. Localizado sobre una loma que, en dirección norte-sur se
forma en el declive de una pequeña sierra. Dista 500 pasos por
su izquierda de la carretera que va de Pamplona a Aoiz. Le combaten
los vientos del norte, su clima es saludable pero no obstante
se padecen algunas inflamaciones. Tiene 9 casas. La escuela de
primera educación está unida con Elcano e Ibiricu y dotada con
80 robos de trigo. La iglesia parroquial, de La Asunción, está
servida por un abad. El cementerio está al sur, junto a la iglesia.
El terreno es arcilloso, medianamente fértil, con una sierra al
nordeste poblada de pinos y dos sotos con varios árboles. Por
el este corre un arroyo que toma sus aguas en la fuente y barranco
del Pineral, produciendo en sus dos márgenes un espeso y frondoso
arbolado que constituye una vista muy amena. Produce trigo, maíz,
patatas, avena y legumbres; cría ganado lanar, de cerda, cabrío
y vacuno. Importación desde la capital de artículos de primera
necesidad. Hay 9 vecinos y 55 almas.
Gorraiz. Situado en una pequeña llanura dominada por montes. Clima
frío. Tiene 5 casas de construcción ordinaria, de argamasa y madera.
Iglesia parroquial, de San Martín, que es curato de entrada, servida
por un abad de provisión vecinal. Una ermita. Los montes están
poblados de encinas y bojes. El terreno es árido y quebrado. Lo
cruza un arroyo que se llama Lacorre que se incorpora al río Irati
entre Oroz y Muniain. Hay canteras de piedra caliza, excelentes
yerbas de verano para el ganado lanar y prados naturales. Los
caminos son de travesía y malos. Produce trigo, avena, patatas,
maíz y heno; cría ganado vacuno, lanar, cabrío y de cerda. Industria:
un molino en mal estado. Cuenta con 5 vecinos y 31 almas.
Ibiricu. Situado en llanura con algún declive, debajo de una pequeña
altura en la que se encuentra el cementerio, que por su posición
ventilada no perjudica a la salud pública. Tiene 17 casas, la
mayor parte dispersas y algunas formando calle irregular, escuela
para ambos sexos, a la que acuden 9 niños de este lugar y los
restantes, hasta 30, de Azpa, Eransus, Elía, Echálaz, Ustarroz,
Egüés, Elcano, Sagaseta, Egulbati y Alzuza. El maestro reside
dos años en Elcano y dos en Ibiricu; su dotación es eventual y
se calcula en 1400 reales, de los que 864 se cubren por reparto
entre estos 11 pueblos y los restante por retribución de los alumnos.
Iglesia parroquial de San Juan Evangelista, servida por un vicario
de provisión de S.M. y del pueblo en sus respectivos meses. Comprende
el término varios montes poblados de pino, robles y mata baja.
El terreno es secano y de mediana calidad. Lo atraviesan dos arroyos
que se juntan en este término, cada uno con un puentecillo para
su paso. Hay un camino nuevo hacia Aoiz, en buen estado. Produce
trigo, maíz, avena, patatas, habas, garbanzos, chacolí y hortalizas.
Mantiene ganado lanar y de cerda. Hay un molino harinero. Son
17 vecinos y 109 almas.
Olaz. Ubicado en llano, con vistas despejadas en todas direcciones.
Tiene 18 casas que forman una calle mal empedrada, pero espaciosa.
Escuela de primera educación para ambos sexos, frecuentada por
26 ó 30 alumnos y dotada con 30 fanegas de trigo. Iglesia parroquial
de San Pedro Apóstol, servida por un abad de provisión de los
vecinos en concurso de S.M. El cementerio se encuentra al sur.
Comprende en su término varios sotos, canteras de piedra de construcción
y algunos prados. El terrano es secano, feraz y de miga. Lo atraviesa
un camino que conduce a la capital y otros locales, en mal estado.
El correo se recibe de Pamplona por propio. Produce trigo, maíz,
patatas, vino y legumbres. Cría ganado lanar, vacuno y mular.
21 vecinos y 86 almas.
Sagaseta. Situado en la falda oriental de un cerro. Reinan los vientos
del norte y sur, por lo que se padecen inflamaciones y catarros.
Tiene 10 casas. No hay escuela y los niños frecuentan la de Egüés.
Iglesia parroquial dedicada a Santa Engracia, servida por un abad
de provisión de los vecinos, y cementerio contiguo. Comprende
en su término una sierra que apenas tiene árboles y algunos prados
que crían buenas yerbas para pastos. El terreno es secano y medianamente
fértil. Lo atraviesa un arroyo que baja de Egulbati y va a juntarse
con el de Egüés. Caminos locales en mal estado. El correo se recibe
de Pamplona por expreso. Produce trigo, avena, maíz, patatas y
legumbres; cría ganado vacuno y lanar. Hay 10 vecinos y 44 almas.
Sarriguren. Ubicado en llano. Los vientos del norte y sur hacen padecer
inflamaciones y catarros. Tiene 6 casas, iglesia parroquial (Santa
Engracia) servida por un abad. Los niños acuden a la escuela de
Olaz. El terreno es secano y lo atraviesa por el sur un arroyo
que se dirige al río Arga. Hay un soto o pradera. Los caminos
que se dirigen a los pueblos limítrofes se encuentran en mal estado.
Produce trigo, maíz, patatas, habas, garbanzos y otras legumbres.
Cría de ganado vacuno, caballar y lanar. 6 vecinos y 62 almas.
Ustarroz. Situado en hondonada, con clima templado. Tiene 5 casas.
Iglesia parroquial de San Bartolomé, servida por un abad de provisión
de los vecinos, y cementerio contiguo. Cuenta con un monte poblado
de robles y pinos, un soto y abundantes y buenos pastos. El terreno
es secano, de mucha loma y lo atraviesa un arroyo que desemboca
en el río Egüés. Los caminos son locales en mediano estado y pasa
además por el norte la carretera de Pamplona a Aoiz. Produce trigo,
maíz, patatas, avena y habas. Cría de ganado vacuno, caballar
y lanar. Población: 5 vecinos y 26 almas.
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Historia de Egüés, Miguel Larrañaga -Doctor en Historia y miembro
del C.S.I.C. |