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La
creación artística en el Valle de Egüés
está salpicada de dos tipos de edificios arquitectónicos
diferentes tanto en sus características de construcción
como en su uso cotidiano. En primer lugar están los
llamados palacios cabo de armería donde, según
recoge el Diccionario de Antigüedades de Yanguas y
Miranda, "los nobles ponían los escudos de sus
armas". Los palacios de Eransus, Uztárroz, Egüés,
Elcano, Echálaz y Azpa son muestras de un tiempo
de veneración por la casa y el viejo solar de los
antepasados. Estos edificios evocan a los últimos
tiempos de la Edad Media, realizados predominantemente en
un estilo gótico primitivo y con una clara finalidad
defensiva. Entre sus antiguos moradores se encuentra el
rey navarro Sancho VII El Fuerte.
Las iglesias parroquiales son lugares de culto que están
presentes tanto en la parte pirenaica de Sagaseta, Elía,
Egulbati y Amocáin, como en el valle interior de
Alzuza, Azpa, Egüés, Elcano, Echálaz,
Eransus, Ibiricu y Ustárroz y, finalmente, en los
llanos de Badostáin, Gorraiz y Ardanaz. La mayoría
de estos templos fueron levantados siguiendo el trazado
típico de las iglesias rurales del siglo XIII, que
para el valle de Egüés fue especialmente pródigo
en arquitectura religiosa. Los sillares, sillarejos y otros
tantos materiales que han sido utilizados en su construcción
indican su datación originaria y las diferentes restauraciones
de las que han sido objeto estas iglesias, desde el siglo
XVI hasta nuestros días. El interior de estos templos
está dominado por los retablos, realizados a partir
de los estilos barrocos, renacentistas o rococos. La última
referencia artística del valle de Egüés,
debido a su reciente construcción, es el Museo Jorge
Oteiza. Aquí se guarda el legado del escultor vasco,
que domina esta amplia zona cercana a la capital navarra
sumida en los últimos años en una constante
evolución. |